Lo
estamos oyendo y leyendo todos los días, pero en algunos momentos se
nos hace patente. Sabemos que la tendencia de los últimos años está
invirtiéndose y cada vez recibimos en España menor número de
inmigrantes, a la vez que un gran número de jóvenes y no tan
jóvenes españoles abandonan nuestro país en busca de un futuro
mejor en otros lugares.
Un
instituto de educación secundaria en Madrid es un lugar perfecto
para poder comprobar esa tendencia. Os lo explico.
Durante
muchos años la llegada de más y más alumnos provenientes de otros
países, principalmente latinoamericanos, ha sido creciente. Yo
empecé mis clases allá por el año 1996 y ese primer curso tuve 6
grupos de 3º de ESO. De esos aproximadamente 180 alumnos tan solo
eran inmigrantes o de familias inmigrantes 3 o 4 alumnos, es decir,
un porcentaje mínimo. Desde ese momento todo fue cambiando hasta
superar con mucha facilidad el 20 o 25% del alumnado. De hecho, las
clases de ESO, con una ratio de 30 alumnos por grupo comenzaban con
23, 24 o 25 para permitir la incorporación de nuevos alumnos a lo
largo del curso escolar.
Así,
un grupo que comenzaba con 24 en septiembre crecía a partir de
enero, mes en el que jóvenes procedentes de latinoamérica llegaban
a vivir a Madrid.
Pues
bien, hace unos cuatro años ese flujo se cerró y el grupo, la
clase, acababa generalmente con el mismo número de alumnos con el
que comenzaba, ya que la llegada de inmigrantes, debido a la crisis,
se redujo drásticamente.
El
último efecto de esa crisis en nuestra población escolar es el que
muestra como algunos de nuestros chicos abandonan el instituto y
retornan a sus países de origen. En el último par de años ya no
sólo no es necesario dejar “huecos libres” en las aulas para
acoger a los recién llegados, sino que si comienzas el curso con 27
o 28 alumnos puedes terminarlo con 25 o 26.
A
lo largo de este curso que terminaremos pronto yo habré perdido unos 5 o
6 alumnos de origen extranjero que han abandonado los estudios y
nuestra ciudad. Y si la venida podía suponer un cambio drástico en
sus vidas la vuelta es, casi siempre, mucho más difícil.
Si
la vuelta a sus orígenes se realizase porque se ha conseguido
ahorrar un cierto dinero y se desea volver con el poder adquisitivo
suficiente para arrancar allí una nueva vida, para instalarse en una
vivienda nueva o inagurar un negocio la aventura habría resultado un
éxito. Naturalmente, también existieron esos casos, y fueron
muchos, hace unos años.
El
problema es cuando, después de dejar su país, sus familias y todo
lo que tenían para intentarlo aquí, la crisis hace que regresen
prácticamente como salieron, sin nada. Es como si hubieran sufrido
un fracaso personal y, por eso, tomar esa decisión es muy difícil.
Y se nota en los alumnos que lo hacen. Y en sus familias.
No
quiero que este comentario sea demasiado extenso, así que escribiré
uno nuevo contando el porqué pienso en esto hoy, es decir, mi
conversación con un alumno y su madre, al que llamaremos Diego y le
situaremos procedente de Colombia.
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